Le salió gallo al presidente Hugo Chávez para las presidenciales del 2006 en Venezuela
Se trata de Roberto Smith, ex ministro de Carlos Andrés Pérez, quien confía en derrotarlo. Sus metas: acabar con la polarización y generar empleo.
Smit tiene 47 años y su perfil –hasta ahora– se ajusta más al de un empresario exitoso que al de un político avezado.
Sin embargo, hace dos años fundó el partido Venezuela de Primera, con el cual busca llegar a la Presidencia en las elecciones de diciembre del 2006, basado en una campaña que espera llevar, a pie, por toda Venezuela.
Su meta, en números redondos: "Caminar 10.000 kilómetros para conseguir 10 millones de votos".
Y no sólo por ser matemático con un PhD en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard dice que habla en serio. También porque el miércoles culminó un primer trayecto de 1.000 kilómetros, en el que recorrió 60 poblaciones.
Minutos después de finalizar esa primera caminata, conversó con El Tiempo:
¿Qué le hace pensar que puede conseguir 10 millones de votos?
El año que viene va a haber 15 millones de votantes y la ecuación es bien sencilla: si sumamos los desempleados, los excluidos de los servicios básicos y de los programas sociales y los que saben que Venezuela puede ser el primer país de América Latina en llegar al primer mundo, tenemos 85 por ciento de la población, y ellos van a votar por Venezuela de Primera.
¿Confía en asistir a unas elecciones con el actual Consejo Nacional Electoral o con otro que designe el próximo Parlamento, totalmente oficialista?
La garantía no me la va a dar ningún CNE, con el actual o con uno nuevo voy a ganar. Estamos organizando una movilización de defensa del voto, pero ahora me preocupa es caminar 10 millones de pasos, y lograr 10 millones de empleos, 10 millones de barriles de petróleo que debemos producir y 10 millones de turistas que debemos atraer para ser un país de primera.
El año pasado, como candidato a la gobernación de Vargas, logró cierta empatía con chavistas y antichavistas. ¿Puede romper la polarización?
Sí. Primero, porque el Gobierno y su representación no pasa de dos millones de votantes –como se demostró en las últimas elecciones– y esa cifra no va a mejorar porque hay una evidente falta de resultados.
Pero tampoco me pueden encasillar con las corrientes clásicas de oposición, que está prácticamente desaparecida.
Soy un gerente y no soy oposición, sino una proposición, que es lo que el país desea.
Todo el mundo se pregunta cómo Venezuela es un país tan rico y con tanta miseria. A mi no me importa si eres chavista u opositor, mi enfoque está en la generación de empleo.
Artículo publicado en El Tiempo el 18 de diciembre

